La España de Correos

Ángel Longueira
octubre 9, 2020

Los nacionalistas de derechas aman a España, pero detestan a los españoles. Sólo de esa manera se puede explicar el revuelo inmenso que ha provocado la última campaña de Correos.

En el anuncio que la institución pública ha elaborado con motivo de la fiesta nacional del 12 de octubre, escuchamos a la rapera Sara Socas cantar lo siguiente:

La letra de la canción reivindica la labor de los artesanos y de los pequeños comerciantes, defiende la unidad y la diversidad de nuestro país, y se pronuncia en contra de los “exaltados que destruyen la nación”. Aboga, en definitiva, por un modelo de convivencia que incluso los conservadores podrían suscribir. 

Sin embargo, el anuncio ha desatado una polémica notable. Ha conseguido el apoyo rotundo de la izquierda política y mediática

…pero ha sido duramente criticado por los sectores más reaccionarios de la derecha.

Los conservadores interpretan que el anuncio es propaganda podemita y que, por lo tanto, instrumentaliza la comunicación de una institución pública con fines partidistas. La acusación es muy curiosa. ¿Cómo es posible que una campaña que defiende el mercado y la unidad de la nación sea más de izquierdas que de derechas?

Lo que los detractores de la campaña condenan es que en el anuncio publicitario se desprestigie la bandera y se emplee un discurso patriótico que recuerda a la propuesta política de Podemos.

Repasando el anuncio, es obvio que la primera acusación carece de fundamento. Es cierto que se entona “Ser patriota no es izar una bandera”, pero lo único que eso significa es que el país no se agota en sus símbolos y rituales. La enseña se defiende y reivindica con su presencia constante en la campaña.

En lo que respecta al discurso patriótico, cabe admitir varias cosas.

En primer lugar, el proyecto que plantea la campaña es radicalmente político, dado que apuesta por un modelo particular de país, pero eso no significa que sea necesariamente partidista, ya que su contenido es tan moderado que cualquier formación de ámbito estatal podría defenderlo.

En segundo lugar, es verdad que el discurso del anuncio se parece más al de Podemos que al de la derecha, pero eso no es por lo que ha hecho la formación morada, sino por lo que han dejado de hacer los conservadores. El país de la derecha se circunscribe con demasiada frecuencia a las instituciones. Su España es el Gobierno, la Monarquía y el conjunto de las Administraciones del Estado, pero no tanto la gente común que habita los barrios de nuestro país.

Los conservadores han puesto tanto empeño en defender España que a menudo se han olvidado de defender también a los españoles. Aman al país, pero ignoran a su gente.

Y es aquí donde radica el auténtico conflicto.

La campaña de Correos incomoda a la derecha no porque atente contra la idea de España, sino porque propone una concepción alternativa de país que comete la temeridad de contar con el conjunto de la ciudadanía.

La derecha no soporta que le estén disputando (con cierto éxito) el concepto de España, algo que, hasta hace muy poco, era impensable.

En estas circunstancias, a los conservadores no les queda otra que mantener la cabeza fría y reflexionar acerca de lo que no han sabido hacer. No basta con que pataleen en las redes sociales o denuncien la instrumentalización partidista de la publicidad institucional. Si la derecha quiere ser de nuevo la gran valedora de la nación, debe esforzarse en demostrar que no sólo ama a España, sino que, además, le está cogiendo cierto cariño a los españoles.

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