A favor del postureo ético

Ángel Longueira
noviembre 8, 2020

Ser buena persona es muy satisfactorio, pero no tanto como presumir de ser buena persona. A todos nos encanta que nos reconozcan nuestros méritos morales.

No obstante, la vanidad moral se percibe como algo muy inapropiado. Lo que la sociedad nos exige es que nos comportemos correctamente, pero de manera discreta y humilde.

En el ámbito anglosajón, el defecto que consiste en la exhibición ostentosa de las virtudes éticas y de los buenos propósitos tiene un nombre propio: “virtue signalling”. La expresión se popularizó a raíz de un artículo de 2015 y, desde entonces, no ha dejado de extenderse en las redes sociales, la prensa y los debates políticos.

Se acusa a alguien de “virtue signalling” cuando condena públicamente un hecho reprobable con el propósito de demostrar su superioridad moral. El objetivo de la condena es, en primer lugar, proyectar una buena imagen y, sólo de manera secundaria, contribuir a una causa justa.

En castellano, el “virtue signalling” se podría traducir como “postureo ético”.

El siguiente quizá sea un ejemplo del fenómeno:

En el comunicado, Burguer King anima a la gente a que consuma comida a domicilio de restaurantes rivales. Su objetivo es evitar que se pierdan miles de empleos por culpa de los confinamientos que se están produciendo en todo el mundo.

La intención declarada de la campaña es, sin ninguna duda, encomiable, pero cabe preguntar si lo que de verdad pretende Burguer King es evitar que cierren más establecimientos o viralizarse exhibiendo su altura moral. Al fin y al cabo, si el propósito fuera el primero, tendría mucho más sentido que la compañía se centrase en los bares y restaurantes pequeños y no en las grandes franquicias que cuentan con el respaldo de empresas multinacionales.

Así, no es de extrañar que se haya acusado a Burguer King de postureo ético.

Lo que me pregunto es por qué se señala el postureo como si se tratase de un pecado capital. Es cierto que produce un rechazo instintivo e, incluso, una cierta vergüenza, pero tiene también efectos positivos.

Consideremos el presente caso. Burguer King pone el foco sobre un problema económico real e indica qué podemos hacer para paliarlo. ¿Sería preferible que la compañía y las miles de personas que ahora mismo comparten su mensaje no se pronunciaran al respecto? Me cuesta mucho creer que el silencio sea una opción mejor.

Lo mismo opino de los mensajes triviales que se emiten los días señalados. Que el Día Mundial del Medioambiente una empresa que no se molesta en reciclar reivindique la importancia de cuidar el planeta es postureo, pero, aunque así sea, la empresa difunde un mensaje positivo y contribuye a normalizar un propósito loable.

Además, cabe la posibilidad de que, lo que comienza siendo puro postureo, termine convirtiéndose en un compromiso genuino, por dos razones:

  • Porque los seres humanos tenemos vocación de coherencia y preferimos actuar respetando el sentido de nuestras propias palabras.
  • Y porque no queremos que los demás nos tilden de hipócritas.

Es por esto que algunas empresas que, por pura inercia, se pronunciaron a favor del ecologismo poco a poco han ido incorporando protocolos para reducir la contaminación.

Asimismo, conviene alertar de que perseguir y condenar indiscriminadamente el postureo ético puede tener consecuencias indeseables, como, por ejemplo, el silenciamiento provocado por el miedo a ser considerado un impostor.

El asunto ha sido denunciado en varias ocasiones: la apelación al postureo ético se puede convertir -y, en los debates en lengua inglesa, se ha convertido- en una estrategia orientada a estigmatizar la empatía y a silenciar a quienes defienden propósitos típicamente de izquierdas como el feminismo, el ecologismo o el antirracismo.

Si antes de defender un propósito tienes que preguntarte si has sido lo bastante bueno, es probable que decidas callarte por pudor. Todos nosotros tenemos manchas en nuestros expedientes.

¿Significa esto que deberíamos guardar silencio ante cualquier forma de postureo ético? No, en absoluto. Significa sólo que las acusaciones deberían ser prudentes.

No es lo mismo denunciar la hipocresía de los anuncios de Amazon -que dibujan un entorno laboral idílico, a pesar del maltrato sistemático que padecen sus trabajadores- que culpar a una pequeña empresa de no estar lo suficientemente concienciada para difundir lemas feministas, ecologistas o antirracistas. En el segundo caso, podríamos estar impidiendo que se desarrollase un compromiso genuino más adelante.

Tampoco creo que sea pertinente arremeter contra la campaña de Burguer King porque defiende un buen comportamiento en un momento complicado.

Por supuesto, que haya buenas razones para defender el postureo ético no implica que esté exento de problemas. En grandes dosis, puede llegar a provocar desconfianza generalizada hacia los buenos propósitos. Hay que encontrar, por lo tanto, el equilibrio. Ni se debe favorecer una inflación descontrolada del postureo ético, ni se debe condenar la expresión de consignas morales con tanta contundencia que hasta Jesucristo sienta reparos a la hora de predicar con libertad.

En la medida en la que el postureo ético puede ser un vehículo apropiado para difundir proyectos valiosos y para alcanzar compromisos genuinos, debe ser respetado (siempre que no exceda unos cauces razonables).

Los ingleses, que comen fatal, pero hablan muy bien, tienen una expresión muy precisa para defender esta tesis: “Fake it until you make it”. Fíngelo hasta que te salga.

Pues eso.

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