Apocalipsis Trump

Ángel Longueira
enero 14, 2021

En Mad Max aparecen muy pocos emprendedores porque la economía no se lleva bien con el apocalipsis. Esto es algo que antes de la pandemia intuíamos y que ahora sabemos.

En un contexto de colapso social, ecológico y político es muy difícil lograr que un negocio prospere. Que la buena vida arraigue es todavía más complicado.

Por eso, cuando se propone a las empresas que integren ciertos propósitos sociales, ecológicos y políticos en sus cadenas de valor, no se les está pidiendo que sacrifiquen el aspecto económico en aras del bien común, sino que defiendan lo económico defendiendo asimismo la vida (la vida buena, la vida hedónica).

La semana pasada, Twitter adoptó la polémica decisión de vetar a Trump para defender tanto la vida como su modelo de negocio. Su acción (comprensible, prudente) merece sin ninguna duda una discusión colectiva. Así lo reconoce el propio Jack Dorsey, fundador de la red social y director ejecutivo de la misma.

Jack abre su hilo reconociendo que ni “celebra” ni se siente “orgulloso” de vetar al expresidente. Incluso se pregunta si actuó de manera correcta. A continuación, defiende que adoptó la decisión apropiada atendiendo a razones de “seguridad pública”.

No obstante, el empresario admite que el veto tiene “ramificaciones significativas”, ya que “fragmenta la conversación pública y nos divide”. Además, “sienta un precedente peligroso” relacionado con “el poder que un individuo o corporación tiene sobre una parte de la conversación”.

Jack entiende que el caso de Trump es inédito porque, hasta ahora, los usuarios que eran expulsados de la red social podían acudir a otras plataformas. Sin embargo, el expresidente ha sido vetado en las principales redes sociales del planeta. Apenas le queda OnlyFans.

Las palabras de Jack son muy interesantes por al menos dos razones. En primer lugar, porque reconoce que su propia capacidad para afectar al transcurso del debate público constituye un problema social de primer orden; y, en segundo lugar, porque, ante la duda, ha tenido el valor de adoptar una decisión política (no partidista).

La primera cuestión es excepcionalmente problemática. Que la libertad de expresión descanse, en gran medida, sobre los hombros de empresas privadas entraña riesgos que nadie (salvo quizás la peña ociosa del Juan de Mariana) discute.

Ahora bien, impedir por ley que una red social pueda vetar a usuarios peligrosos también sería comprometido. ¿Qué habría pasado si Twitter no hubiera podido legalmente vetar el acceso a ninguna persona? Es probable que Trump continuase en la red social arengando a las masas y fomentando nuevos disturbios.

Así las cosas, es comprensible la inquietud que despierta el veto en la medida en la que atañe a un derecho fundamental (tal y como expresó Merkel), pero hasta que se articulen medidas legales eficientes para evitar los discursos de odio y la incitación a la violencia en internet, cabe discutir la pertinencia de que las redes sociales se reserven “el derecho de admisión”.  

Por este motivo, aprecio que, en un momento de incertidumbre y desasosiego, Jack Dorsey tuviera el valor de posicionarse y de actuar políticamente, esto es, de actuar promoviendo un proyecto de convivencia social en el que no caben las amenazas y los golpes de estado. Su actuación es política, pero no partidista, dado que lo único que defiende es un escenario de mínimos que tanto el Partido Demócrata como el Partido Republicano respaldan (o deberían respaldar).

En cualquier caso, es muy curioso que el debate sobre la libertad de expresión se esté produciendo ahora. Hace medio año, Twitter suspendió la cuenta de un usuario que se limitaba a redactar exactamente los mismos tuits que Trump. La cuenta de Trump, como sabemos, continuó abierta. Entonces no se produjo ningún debate acerca de los derechos fundamentales de los tuiteros.

¿Por qué se discute ahora la cuestión? ¿Hay, acaso, usuarios de internet de primera y de segunda?

Supongo que, como apuntaba Orwell, “todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

A los que no vuelven

A los que no vuelven

El Almendro ha desaprovechado una oportunidad única.

Es obvio que este año habría sido desafortunado mantener su claim “Vuelve, a casa vuelve, por Navidad”, pero, precisamente por eso, la marca pudo haber optado por subvertir su mensaje dirigiéndose a los que no pudieron volver.

leer más
Un pavo por Navidad

Un pavo por Navidad

Cuando pienso en un filántropo, me imagino a un empresario altivo con sombrero de copa y monóculo que disfruta celebrando cenas de caridad y colectas, y que todas las navidades regala pavos y viandas a los pobres.

leer más

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share This