El branding es político

Ángel Longueira
abril 25, 2021

Hace unos días, César Rendueles colgó un tuit en el que decía:

El mensaje es, efectivamente, muy claro. A las celebridades que se parapetan tras el silencio no les importa que gobiernen unos u otros porque están convencidas de que las naderías de la política no les afectan. Es como si nos estuvieran diciendo: “Que se preocupen los demás de frenar a la ultraderecha -si les apetece-, que a nosotros nos parte la tarde”.

Sin embargo, la experiencia nos indica que su creencia es radicalmente falsa. Cada vez que la violencia gana posiciones (criminalizando a los extranjeros, cuestionando las amenazas de muerte que reciben los adversarios políticos, negando los asesinatos machistas…) eso nos afecta a todos. También a las personas públicas.

Y, por supuesto, también a las marcas.

Como ya he advertido en alguna otra ocasión, la economía no se lleva bien con el apocalipsis. La vitalidad del comercio depende de que los consumidores tengan cierta confianza en el futuro; de que sepan que se pueden permitir caprichos ocasionales porque sus necesidades básicas van a estar cubiertas. Esto es algo que hemos comprendido por las malas durante el largo invierno de la pandemia.

Así, es prudente que las marcas se tomen en serio los derechos humanos y la política tanto por razones de ética elemental (¡sorpresa!) como por razones estrictamente económicas. La Responsabilidad Social no puede ser únicamente una expresión coqueta para limpiar la mala conciencia de las empresas.

Entiendo que lo que afirmo puede sonar controvertido, pero cada vez son más las marcas que comparten este parecer.

Patagonia lo tuvo muy claro durante las pasadas elecciones a la presidencia de los EE. UU..

Poco tiempo después, Ben & Jerry’s se pronunció, sin ningún tipo de tapujos, en contra de los violentos que asaltaron el Capitolio.

Y en el marco del movimiento #BlackLivesMatter, Uber se sumó a la ola antirracista con un mensaje contundente y una serie de acciones de prevención y formación muy bien orientadas.

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Nada semejante sucede en nuestro país. La escalada xenófoba, violenta y antidemocrática está siendo retransmitida por la radio y ni siquiera así las marcas se atreven a pronunciarse en su contra (con honrosas excepciones como la de El Mundo Today).

Es curioso que tan pocos de los altos directivos que corrieron a denunciar el asesinato de George Floyd colgando cuadraditos negros en las redes sociales tengan ahora el coraje de opinar abiertamente acerca de lo que les parece la publicidad, de clara inspiración nazi, en contra de los menores extranjeros no acompañados.

Se condena el racismo que se produce al otro lado del Atlántico, pero no el que sucede delante de nuestras propias narices. 

¿Cuándo asumirán las marcas en España que el branding es político y que no posicionarse es una forma cobarde de posicionarse?

Su silencio comunica -como el de los artistas de la capital- y el mensaje no es alentador.

 

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